Nuestro perro y el miedo

El perro. El miedo.

Cuantas veces nos dicen este perro tiene miedo, pero ¿en cuantas ocasiones esto es cierto? Hay propietarios preocupados por el miedo de su perro. Es razonable y además dejan claro su compromiso en querer darle bienestar, aunque no se da siempre, como ya sabemos por la gran cantidad de abandonos que se producen.

El miedo nos sirve para evitar males mayores y preservar nuestra integridad entre otros posibles; es un mecanismo defensivo que va intrínseco en los individuos. Si el miedo bloquea y nos deja sin poder de decisión reflexiva es algo más que solo miedo.

Un miedo controlable y que no incapacite al perro le puede permitir realizar aprendizajes que logren su capacitación para su integración en el medio. No se trata de hacerle pasar miedo sin más motivo aparente que eso, si no que se trata más de que le sirva para algo positivo y útil en su vida.

Ponemos un ejemplo:

Puedes salir de paseo con él y en un momento determinado te quitas de su vista en el entorno y esperas a que perciba tu falta, tu ausencia para que se active su necesidad de apego de dependencia y deje lo que esté haciendo para buscarte. Evidentemente, en este ejercicio es necesario que el perro cumpla con unos requisitos obligados: tener una dependencia y apego suficientes contigo y que existan unos vínculos afectivos muy altos contigo.

Cuando el perro se ve sorprendido en la situación de no saber dónde estás se genera una posible sensación incierta de estar sin su dueño, el apego y otras sensaciones emocionales lo empujan enseguida a querer estar de nuevo con la sensación de estar con su dueño (esto le da seguridad y lo aleja de la posible sensación de inseguridad o miedo) y así de forma que resuelva la posible situación le ayudamos a poder resolver una posible sensación de inseguridad o miedo momentáneo, esto depende de cada perro y situación.

Para cachorros es un ejercicio que les ayuda a tener que aprender a no descolgarse mucho de su dueño en una salida hipotética en libertad en un medio o espacio abierto sin demasiados estímulos externos que lo hagan distraerse demasiado.

En el reencuentro con nosotros evidentemente le podemos estimular y confirmar mediante caricias, nuestra voz… pero no en exceso (tampoco hace falta sobreexcitar a nuestro perro).

Estaréis pensando y os preguntareis, que ¿para que me sirve esto si tengo mi perro que le tiene miedo o pánico a algo o a alguien? En este posible caso hablamos de otra cosa y, por lo tanto, primero se debe de evaluar para determinar si realmente es miedo, pánico o se trata en su caso de otros posibles.

Sabemos que cuando un perro está manejado en un ambiente empobrecido emocionalmente hablando no se le muestra afecto y su manejo es cruel y con una clara intención hostil se les hace pasar mucho miedo, sensaciones desagradables y además les propician aprendizajes a través de esta sensación de miedo, angustia y desasosiego continuo o casi continuo en su vida diaria que o les capacitan para sobrevivir o no. En estas condiciones de dureza algunos de ellos acaban por endurecerse y aprenden a llevarlo sin aparentemente problemas ¿Por qué? pues porque se adaptan y se ajustan a esas condiciones de vida dura e insoportable pero aprenden a sobrevivir. Tanto los que se adaptan como los que no se adaptan acaban por generar trastornos del comportamiento de distintos tipos (siempre en cualquiera de los dos casos hay daños colaterales).

De forma que se utiliza con mucha frecuencia este término para describir casi cualquier tipo de comportamiento en el perro y no siempre se trata de miedo.

También existe una fea e inapropiada costumbre donde se genera una "situación de miedo". Se trata de  amenazar (en modo juego) al cachorro (o cualquier perro de edad joven o adulta)  para que se active este mecanismo defensivo ante la amenaza que, en algunos activa miedo y en otros, no.

En cualquiera de los dos casos ese cachorro más tarde o temprano aprenderá mediante un recurso defensivo o no a pasar esa situación posible de miedo respondiendo la amenaza tirando dientes o a retraerse y bloquearse. En las dos obtiene un aprendizaje mediante ese mecanismo defensivo ante la hipotética amenaza.

Con estos posibles ejemplos vemos como el miedo sirve para resolver con acierto o no esas situaciones donde al perro se le expone muchas veces sin conocimiento y otras a propósito para conseguir respuestas defensivas alteradas.

Os estoy poniendo ejemplo de cómo en momentos determinados podemos facilitar aprendizajes positivos o negativos (en ningún caso está justificado de forma negativa) en función de los rasgos de personalidad del perro, el medio y las personas que lo manejan.

Tenemos otros tipos de miedos que no son activados con esta intención por las personas que conviven con el perro. Esto puede pasar con perros que han sufrido abandono. De ahí que sea recomendable siempre una correcta evaluación por parte de un terapeuta cualificado de cada caso para facilitar su adaptación y capacitación para ser dado en adopción.

 

 

José Antonio Pineda Martínez.


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